Mostrando entradas con la etiqueta motivación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta motivación. Mostrar todas las entradas

sábado, 22 de junio de 2013

Dando otra asignatura


Acaba este curso que, por diversas razones, ha sido muy estresante. Una de ellas es que aún teniendo horas de sobra se nos ofertó la opción de dar  Educación Plástica y Visual en primer ciclo, en concreto yo estuve dando clase a dos primeros de la ESO.

En otras ocasiones he dado diversas materias (matemáticas, ciencias naturales, física y química,... por supuesto alternativa) además de las propias de mi especialidad: tecnologías, informática, tecnología aplicada, electrotecnia, preparación al acceso a ciclos y tecnología industrial. Pero nunca había dado Plástica hasta ahora. Enfrentarse a una materia nueva tiene dificultades (más tiempo de preparación, algo de miedo,...) pero también tiene ventajas. En mi caso me enfrenté a una asignatura preparado para aprender con mis alumnos-as, dispuesto a que se haga un trabajo en clase que nos sirva tanto  a ellos-as como a mí mismo. No he tenido que desaprender a dar Plástica para darla (como sí me pasó con Tecnología) simplemente apliqué los mismos principios:

- Aprendizaje cooperativo: fomentando así la ayuda entre iguales, la responsabilidad individual, las habilidades sociales y comunicativas, resolución pacífica de conflictos,...

- Aprendizaje activo y emocional: ¿qué hemos hecho hoy? ¿para qué lo hemos hecho? ¿cómo ha quedado? ¿nos ha gustado? Preguntamos qué hacíamos tanto yo como profesor como mis estudiantes, fomentando así el andamiaje del aprendizaje del que tanto hablaban  Vygotsky y J. Bruner en un ambiente en que debíamos pasarlo bien aprendiendo.

- Uso de las TIC: como elemento que sirva no solamente para conseguir información en internet y procesarla sino también para dar visibilidad a nuestro trabajo, para conseguir mayor repercusión del mismo y como fuente motivadora, para aprender la importancia de la creación de contenidos en la web 2.0. Basándonos en las ideas del conectivismo de G. Siemens  encontramos fundamental en la sociedad actual sus ideas como pueden leerse brevemente aquí:  "La tubería es más importante que su contenido. Nuestra habilidad para aprender loque necesitamos mañana es más importante que lo que sabemos hoy".

Debo decir, ahora que el curso está acabado,  que ha sido una experiencia muy gratificante. Aunque me gusta cada vez más detallar el proceso que siguen mis clases en este blog aparte de los productos que se van creando, en esta entrada quiero destacar los trabajos que mis estudiantes han hecho.

Descubrimos la información que hay de la asignatura en muchas webs amigas a las que solo puedo mostrar mi agradecimiento, ejemplos de éstas son:
Con ellas pude elaborar buenas explicaciones usando la Pizarra Digital Interactiva, me comprometo en un futuro a que sean ellos-as conjuntamente conmigo quienes elaboremos cada tema en la PDI, pero por ahora aquí tenéis algunos ejemplos de lo utilizado en clase, en *.notebook con animaciones instructivas para hacer la pizarra digital verdaderamente interactiva y en *.pdf.

Polígonos          Volumen en el Plano


data-blogger-escaped- pdf del fichero Polígonos.notebook 



data-blogger-escaped- pdf del fichero VolumenEnElPlano.notebook 



Por supuesto hicimos una cantidad de láminas a lo largo del mismo para ir viendo cómo adquiríamos los objetivos y contenidos de la asignatura.



LaminasEPV-1ESO from Federico Tejeiro on Vimeo.

Láminas realizadas por mis estudiantes de 1º de ESO en Plástica durante el curso 2012-2013

Para dar mayor funcionalidad a esos contenidos se me ocurrió hacer un calendario escolar con una selección de sus láminas.

Ellos recortaron las fotos, con el GIMP, giraron y retocaron las fotos adecuadamente , las insertaron en el calendario hecho en OpenOffice, y mientras trabajan en equipos, éstos se rotaban para usar la Pizarra Digital y aprender viendo y haciendo unas competencias TIC que debo admitir me sobrepasaban a veces.




Faltó el que ellos también lo hubieran imprimido y pusieran el canutillo, eso lo hizo la directora y el conserje, a quiénes agradecimos su trabajo. Pero, con mejoras en el proceso, podemos decir que sirvió para que nos gustara más aprender a dibujar mejor.

Puede que no sea gran cosa (en definitiva no soy especialista de la materia) pero sí es nuestro trabajo y nos gustó y motivó bastante el hacerlo.


 

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Nuevo curso, nuevos proyectos

Ya he comentado en otras ocasiones veo muy positivo empezar cada curso con nuevas cosas por probar. Para mí es algo ilusionante y cuando, posteriormente, valoro lo realizado, me produce gran satisfacción.  El último paso de esos retos apasionantes que me propongo anualmente es el de describirlo, en conferencias, artículos o aquí en este blog.


En alguna ocasión he hablado de la preocupación que me da aprender a motivar mejor a mis estudiantes. Particularmente no pienso que un estudiante deba llegar motivado a mis clases, sino más bien creo que yo mismo puedo hacer algo para motivarlo. Ello me llevó a estudiar la motivación escolar para ver cómo podía mejorarla.



Básicamente, y siguiendo el razonamiento de este blog, la primera respuesta a la conducta la dio Aristóteles: 

"Nos movemos para conseguir algo porque nuestra naturaleza (y la del Cosmos en su totalidad) es teleológica. Todo ser existente se mueve porque persigue un fin, un objetivo, un telos."

Pero a pesar de ser una sofisticada teoría que, a priori, conseguía explicar todo el movimiento y el cambio en la naturaleza, no era completamente satisfactoria.  ¿Qué pasa con los seres, quizá la mayoría de los existentes, que no pueden representarse tales finalidades? ¿Cómo va un ser a perseguir un objetivo si no sabe cuál es? Una hormiga persigue el buen funcionamiento del hormiguero al que pertenece. Sin embargo, ¿tiene la hormiga una representación mental clara en su diminuto cerebro de cómo funciona el hormiguero y de cuál es su papel en él? Parece que no.  

Otra explicación de la conducta, mucho más moderna, es la que nos dio el conductismo. De un modo extremadamente sencillo, la conducta era la mera respuesta de un organismo a un estímulo dado. Ni fines ni objetivos, sólo estímulos y respuestas. Esta teoría explica mejor que la aristotélica el hacer de la hormiga. No es que la hormiga trabaje en pro del funcionamiento global de su hormiguero, sino que tiene programadas una serie de respuestas ante unos estímulos, así cuando la hormiga persigue el rastro hormonal de sus compañeras no lo hace representando en su mente que conseguirá comida y la podrá traer de vuelta al hormiguero, sino que simplemente responde así y, al hacerlo, consigue su objetivo.

No obstante, el conductismo tenía un grave problema para explicarlo todo.  Un ser humano dará diferentes y muy variadas respuestas ante un mismo estímulo. De aquí el fracaso del delirio watsoniano de predecir y controlar toda la conducta humana sólo en base a esos dos parámetros. ¿Pero qué es lo que faltaba entonces? Muchos conductistas se dieron pronto cuenta. Uno de ellos, Hull, propuso una de las primeras teorías de la motivación. En esta última palabra estaba la clave: Motivo, una especie de fuerza, de impulso o deseo  que empuja a conseguir cualquier cosa. 

Por eso el curso 2009/2012 estudié , junto a un compañero, Bernardo  la motivación escolar, y podéis leer nuestros resultados en este artículo de la Revista Pack en Redes del CEP de Alcalá, o ver un breve resumen de la misma en esta presentación.


Motivacion Escolar

¿Qué propuesta tienes tú para este curso escolar?
 




sábado, 28 de mayo de 2011

Esos locos y buenos docentes


Estas vacaciones pasadas he recibido un correo de un amigo, también docente como yo, que me gustaría compartir con todos vosotros. Habla, en esencia, de unos locos a los que les gusta su trabajo:


"Esos locos que enseñan. Yo los conozco.

Los he visto muchas veces. Son raros.

Algunos salen temprano por la mañana y están en el cole una hora antes,
otros recorren todos los días más de 100 Km de ida y otros tantos de vuelta.

Están locos.

En verano les dan vacaciones, pero no desconectan del todo, piensan en sus clases, preparan tareas para el curso siguiente. En invierno hablan mucho, siempre llevan caramelos de miel y limón en los bolsillos, otros con una botella de agua a su lado. Su garganta siempre está dolorida, pero siguen enseñando, a veces fuerzan su voz, pero siguen transmitiendo sus conocimientos con cariño e ilusión.

Yo los he visto, no están bien de la cabeza.

Salen de excursión con sus alumnos y se encargan de gestionar autorizaciones, recogida de dinero y responsabilidad extra.
Qué será de ellos y ellas. Por la noche sueñan con el colegio, se les aparecen planetas, ecosistemas y personajes históricos. He escuchado que llegan cargados con cuadernillos y exámenes, que han corregido la tarde anterior en su casa. Son mujeres y hombres, casados, solteros,...de diferentes edades, pero a todos les apasiona su trabajo, ver crecer a sus alumnos, ayudarlos y conseguir de ellos ciudadanos competentes.

Los he visto muchas veces. Están mal de la cabeza.

Algunos dicen de ellos que viven muy bien, pero les han recortado el sueldo y siguen trabajando incluso más que antes, algunos no miran ni su nómina porque su pasión por la enseñanza los hace ciegos a pensar en el cobro. Disfrutan con lo que hacen, aunque haya padres que los discutan y les quiten autoridad, ellos siguen hacía adelante.
Están mal; por las tardes quedan para hacer cursos de formación y no les importa perder tiempo de su ocio para reciclarse. Dicen que son autocríticos y que hacen balance de sus experiencias educativas, que se frustran cuando no salen las cosas como esperaban, que se alegran cuando sus alumnos avanzan.

Están mal de la cabeza, yo los he visto.

Dicen de algunos que fueron muy importantes,
que siempre tienen palabras de aliento;
dicen sólo que son MAESTROS y
que se sienten MUY ORGULLOSOS DE SERLO.


¿Os veis reflejado/a en algún momento?"


La ilusión, las ganas, la alegría se transmite a nuestros estudiantes. Como ya dijo el famoso psiquiatra Dr. Sarró: "Sí, todo lo que usted quiera, pero cuando yo receto Trofanil curo más que usted." Igual que en la clase médica destacan esos "médicos placebos" también en nuestra profesión existen "maestros placebos". ¿Somos uno de esos? Para saberlo no olvides la "prueba del algodón" y para mejorar, lee con atención esto.

Ya, en el Informe acerca de la Profesión Docente elaborado por la Unión Europea en 2008, Paul Holdsworth, indicó el importante papel que tenemos los profesores en el rendimiento de nuestro alumnado, de la importancia de ser un "buen maestro", como queda reflejado en esta gráfica:



Si a dos estudiantes con un mismo nivel a los 8 años le dejas a uno con un maestro bueno y al otro con uno poco preparado, al cabo de sólo 3 años, sus niveles respectivos se llegan a diferenciar en un 53%. Algo demoledor como para no querer mejorar; convirtámonos en esos "maestros placebos".

domingo, 6 de septiembre de 2009

Inicio de curso

Como cada inicio de curso, este año me planteo nuevos retos y me pongo como meta aprender nuevas cosas que me faciliten mi tarea. Desde hace bastante tiempo comienzo cada curso con la ilusión de probar nuevas cosas, de llevar a la práctica ideas que se me han ocurrido, de plantearme formas de responder a los problemas que todos los docentes nos encontramos,...


En cursos pasados me ha interesado ajustar la programación de la asignatura a las características del centro, alumnado,... Otro año me interesó conocer maneras de abordar y paliar el absentismo escolar, o también fomentar el uso de los ordenadores en mis clases, usar un portafolios para la documentación de los proyectos que se construyen, analizar la opinión del alumnado acerca de la manera de dar la clase, encontrar maneras de atender a la diversidad,...

Yo soy un sencillo profesor que, con esos retos anuales, no pretende conocer mejor la enseñanza ni encontrar hechos novedosos, mi énfasis lo pongo en algo más práctico y cercano, intento mejorar profesionalmente, en algún campo que observo me preocupa. Honestamente debo decir que con ellos aprendo a llevar mejor mis clases, sin considerar que deba servirle a alguién más.

Este año me interesa más analizar cómo conseguir que mi alumnado tenga mayor creatividad, que se implique en mayor grado en los proyectos que realizan, en definitiva en aprender por qué hay proyectos que les enganchan mayoritariamente mientras en otras ocasiones no. Trabajar su motivación, conocer mejor sus intereses y los del entorno de mi centro,... ¿cómo desde la tecnología puedo resolver mejor los problemas y necesidades que éste tiene?

Para ir aprendiendo de los diferentes temas he utilizado diversas técnicas: desde un diario del profesor (nunca enfatizo lo suficiente la lectura de Diarios de Clase de Miguel Ángel Zabala), la confección de cuestionarios para el alumnado y el profesorado buscando una triangulación, la investigación-acción, el registro en vídeo de mis propias clases, solicitar a compañeros-as que actúen de observadores,... Todos con una idea eminentemente prácticas que mejore mi manera de dar clase.

Para aprender más acerca de la motivación de mi alumnado, de fomentar su creatividad, utilizaré un método muy heurístico basado en la investigación-acción de Jack Whitehead. Ya veremos qué conclusiones saco. No obstante lo principal no creo siquiera que sea este nuevo reto sino más bien acorde a lo que escribe Fernando Trujillo en su blog, empezar el curso de nuevo con ilusión.

¿Y tú qué ilusionante reto te pones este año?

martes, 28 de abril de 2009

¿Qué te pasa?

El otro día, dando clase a cierto grupo, encontré a un alumno alicaído y sin apenas entender la explicación. Escribía directamente en el cuaderno lo que yo redactaba en la pizarra pero sin llegar a pensarlas siquiera. Tras hacer la introducción del tema se pusieron en los equipos de trabajo que utilizamos y les di a cada uno las tareas que debían hacer ese día pudiendo ayudarse entre ellos pero sin hablar de equipo a equipo. Entonces ese alumno dejó directamente de escribir y ya sí me pareció preocupante su actitud.

Fotografía cortesía Pixland


A veces creo que no hay mejor pregunta que hacerle a un alumno-a que no está trabajando que la del título de esta entrada: "¿Qué te pasa?" Cuando me acerqué y se la hice me contestó su compañera de equipo: "Es que el de ética le ha dicho que ya tiene muchos negativos y que no puede aprobar". Lo miré con cara de pena. Como ya he escrito antes acerca de la motivación y el uso de negativos no voy a repetirme. Pero sí quiero indicar cómo siguió la clase con ese alumno tan desmotivado.

Me gustaría hacer incidir en algo tan básico para nuestro trabajo y aún así tantas veces olvidado como es: conocer a nuestro alumnado. Ya lo expresaba Miguel Ángel Santos Guerra hablando de un pedagogo italiano "Para enseñar latín a John, más importante que conocer latín es conocer a John", en un artículo de La Opinión. También Teresa Huguet Comelles indica las ventajas de conocer al alumnado en su libro "Aprender juntos en el aula",

"Para los maestros trabajar y producir junto a sus alumnos de forma sistemática, significa que llegarán a conocerlos de una manera cercana y personal (...) en consecuencia podrán evaluar y ayudar a sus alumnos de una manera más eficiente." [pág. 134]

El otro día, aunque me encontraba ligeramente enfermo, le pedí a ese alumno que se levantara y hablé aparte con él, mientras el resto de equipos hacían sus actividades. Tras constatar que los negativos los tenía porque su hermano pequeño había perdido el cuaderno y decirle que se lo explicara al de ética, continué con mi idea motivadora. "Mira lo importante de verdad es que tú mismo vayas aprendiendo, tanto en ética como en tecnología como en cualquiera de las asignaturas. Piensa, ¿para qué quieres el carnet de conducir si realmente no sabes arrancar un coche? Y si aprendes bien a conducir, cuando quieras eres capaz de sacarte el carnet. Con las asignaturas es igual, si lo sabes bien tarde o temprano superas cualquier asignatura. Preocúpate ahora de aprender bien lo que tienes que saber de las asignaturas y déjanos a los maestros el poner las notas." Como ya dije anteriormente, él debe percibir que puede hacer algo para aprobar, sino abandonaría la asignatura.

Entonces el alumno me dio las gracias. Volvió a su mesa y estuvo trabajando con su equipo bastante bien. Todo el tiempo estuve pensando acerca de él y lo que había pasado: yo estaba cansado por estar ligeramente enfermo, no tenía ganas de que me contara por qué tenía tantos negativos, aunque yo no los utilice como ya he explicado, creo adecuado que otros compañeros-as sí lo hagan (en definitiva es la mezcla y diversidad lo que enriquece), aún así me acerqué y me interesé por él. No le di soluciones ni fórmulas salvo seguir estudiando y resolver los problemas hablando. Simplemente hice lo que se conoce como escucha activa con él.

Dos días más tarde, una compañera me comentó que la alumna de ese curso que me había respondido indicaba que yo era muy buen profesor porque me preocupaba por ellos aunque no le afectara a mí mismo, y le contó mi intervención con su amigo.

Repito ahora esas palabras del pedagogo italiano: "Para enseñar latín a John, más importante que conocer latín es conocer a John". No sé si más importante es una cosa que otra pero, sin olvidar que debemos enseñarle latín, también creo que debemos conocer a John.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

El palo y la zanahoria

De pequeño escuchaba que para que un burrito tirara de un carro pesado había que utilizar dos estrategias: el palo cuando se ponía testaduro, y la zanahoria cuando iba llevándolo bien. No es más que un principio motivador claro: premio o refuerzo positivo cuando "haces lo que debes" y castigo si no lo haces. Considero que ser estudiante es un trabajo duro y observo que también en la escuela se llega a utilizar "el palo y la zanahoria".



Cuando alguno de mis estudiantes ha hecho algo bien, especialmente cuando era algo que reconozco que le ha costado mucho a ese estudiante en particular, siempre procuro felicitarle tanto privada como públicamente. Muchas veces he alzado la voz y he dicho unas palabras similares a "Quiero deciros que hoy me ha sorprendido muy gratamente Alejandro (o Julia o Jonathan o Saray) porque durante media hora ha estado trabajando y no se ha levantado, por eso le aplaudo y quiero que todos lo sepáis". Una vez que inicio el aplauso, toda la clase se suele sumar, por lo que también es necesario poner algo de orden "Muy bien, ya está; a ver a quién podemos felicitar luego". El poder de la celebración, de la felicitación, del premio, de la zanahoria, creo que está muy infravalorado en educación. Basta ver lo que son capaces de realizar por tener unos positivos que, ni siquiera ellos saben bien cómo influyen en la nota... pero como son positivos, es bueno coleccionarlos.

Por otro lado, también hay momentos donde yo mismo saco el palo. Ante las faltas de respeto, las agresiones (físicas o verbales o de cualquier otro tipo), las actitudes xenófobas,... me pongo muy serio y digo "Señores, sabéis que no consiento falta de respeto bajo ningún concepto." Curiosamente en la mayoría de ocasiones, basta esa frase para que ellos asuman que no deben seguir por ese camino. Otros compañeros-as hablan también del poder y la necesidad de corregir poniendo negativos (que, como los positivos, tampoco se sabe bien cómo afecta a la calificación final) yo particularmente no los pongo con la idea de animar y fomentar la participación. "Maestro yo salgo a la pizarra, pero si está mal no me pones mala nota, ¿verdad?", exigencia que he encontrado que me hacen muchos estudiantes, "No pasa nada; si está mal no te pongo una nota buena, pero tampoco te la pongo mala."

Como nuestro objetivo como educadores no es tanto premiar o castigar sino más bien educar, me pregunto ¿qué estrategia da mayores resultados el palo o la zanahoria?, ¿se deben utilizar ambas estrategias con todo el alumnado? Sin responder bien a esas preguntas, particularmente creo que muchas veces abusamos del uso del palo olvidando que se consigue más con la zanahoria que con el palo. ¿Qué percibís vosotros?

viernes, 14 de noviembre de 2008

Peligros del aburrimiento

Me parece de lo mas curioso la advertencia que el filósofo José Antonio Marina da sobre el aburrimiento en su libro "La inteligencia fracasada":

“El aburrimiento -el deseo de experiencias- bajo su inocua apariencia guarda un potencial destructivo sorprendente.”

Comentando posteriormente que éste puede llevar a la adquisición de adicciones y hasta a subir a una azotea con una escopeta a pegar tiros,... Marina usa esos y otros ejemplos para alertar así de los riesgos que tiene aburrirse.



"Esperando que pase el tiempo" (Creative Commons License)

Eso me lleva a recordar a aquel alumno de 3º ESO que, sin aviso alguno y en medio de la explicación soltaba en voz alta: "Me aburro!" Afortunadamente lo interpreté correctamente como una deferencia que tenía conmigo, me avisaba que estaba aburriéndose y entonces podía pasar... ¡cualquier cosa! Yo siempre le agradecía el aviso y le pedía un poco de paciencia: "Si, es cierto Andrés, esto está siendo un poco aburrido. Verás que acabo en cinco minutos y luego hacemos otra cosa mas divertida". No siempre funciono a la perfección, pero si la mayoría de las veces.

Em otras ocasiones somos nosotros quienes fomentamos el aburrimiento, inconscientemente, no lo dudo, pero acabamos desarrollando el mayor de los tedios. Un compañero de matematicas me dijo de un tutorando que, al no saber la tabla de multiplicar, no podia hacer los ejercicios que mandaba, le bastaba con que el chaval no molestara en clase . Tambien he conocido padres y madres que me han dicho "yo si mi hijo-a no quiere hacer nada, le doy permiso para que no lo haga, pero lo que no le permito es que se convierta en un gamberro". En esos casos siempre recurro a una reflexión en voz alta y les digo: "Mire yo no sé bien usted, pero le aseguro que si a mí me obligan a tragarme una pelicula en chino, yo, siendo ya adulto y equilibrado, nada nervioso, con mis estudios hechos,... yo mismo no aguanto mas de tres minutos sin salir del cine... ¡Y pretendemos que su hijo-a adolescente y formándose como persona vea tranquilamente y sin armarla todos los días una película en chino para él, de seis horas! ¡La verdad, me parece imposible!"

Precisamente creo que debemos acabar con el aburrimiento en nuestras clases, no solo por el aburrimiento en sí mismo, sino por los peligros de éste, por el handicap que supone tener en clase a algún estudiante que puede estallar en cualquier momento. Termino esta entrada con la paradoja de aquel alumno que se alegro mucho cuando una compañera había vuelto de una baja médica de un mes; yo, que ya lo conocía bien por estar de guardia en esa hora le pregunté: "¿por que te alegras tanto si antes eras expulsado muchas veces de su clase?", "maestro, me expulsará pero al menos no me aburro tanto como en clase sin nada que hacer".

sábado, 25 de octubre de 2008

¿Puedo hacerlo?


Recuerdo cuando era un niño que en clase de Educación Física o Gimnasia, como entonces la llamábamos, había una prueba que me horrorizaba. Todos, en fila, debíamos ir corriendo hacia una canasta de baloncesto y saltar para tocar el aro o el tablero. Para quien me conozca sabrá que soy bajito, y así he sido siempre, por eso cuando tocaba esa prueba iba siempre sin ningún interés ni ganas. Sabía que ese día tendría una mala nota. Existía otra prueba que llamábamos el salto vertical. Allí debíamos dar un salto sin coger carrera y se nos medía lo que habíamos saltado. Ése ejercicio sí que me gustaba mucho porque aunque no llegaba tan alto como el resto de mis compañeros-as, sí que saltaba bastante , tenía que elevar menos peso también.

Esta reflexión me ha llevado a recordar una de las teorías de motivación a las que más importancia le he visto al llevarlas a la práctica: la teoría de la atribución de Weiner, desarrollada en 1985 y ampliada en 1987 para introducir el componente emocional. Básicamente se indica en el ERIC (Centro De Información Educativo De los Recursos), tal y como se puede leer:


"Weiner (1985), senalo que las creencias de los estudiantes sobre las razones de sus exitos determinara si esta suposicion es cierta. Las atribuciones que los estudiantes le dan al fracaso, son tambien influencias importantes en la motivacion. (...) Los estudiantes que creen que su bajo desempeñoo es debido a factores que estan fuera de su control, no pueden ver ninguna razon para desear mejorar. En contraste, si los estudiantes atribuyen su desempeño bajo a la falta de una habilidad importante o a habitos de estudio pobres, son mas propensos a persistir en el futuro. Las implicaciones para los profesores giran alrededor de la importancia de comprender lo que los estudiantes creen acerca de las razones de su desempeño academico."

Vamos que yo sabía claramente que saltara lo que saltara nunca iba a lograr tocar el tablero así que, para qué esforzarme tanto. La segunda prueba, no obstante, valoraba mi esfuerzo y por eso mismo me gustaba.

¿No quieren aprobar o no pueden aprobar? Si alguien acumula muchos fracasos deja de intentar aprobar para evitar la desilusión del suspenso.


En mi experiencia como profesor siempre he procurado encontrar la causa de por qué el alumnado se comporta de determinada manera o por qué saca tales calificaciones o hace o deja de hacer determinadas tareas. Frecuentemente he encontrado expresiones como: "soy así", "no puedo evitarlo", "es que me descontrolo/pongo nervioso y no sé bien lo que digo/hago",... y muchas veces incluso entre compañeros-as he oído expresiones similares: "qué le vamos a hacer si es de esa manera", "el/la pobre es que no puede dar más de sí",... Claramente, si nosotros no valoramos y consideramos que los factores que influyen en su mal comportamiento o en su bajo rendimiento no los pueden controlar... ¿cómo les podemos pedir que los cambien?

Obviamente existen factores que no podemos controlar del todo pero, a muchos estudiantes yo siempre les pongo el mismo ejemplo: "No puedo controlar si mañana va a llover o no, tengo que vivir con esa incertidumbre, pero sí depende de mí el que me moje o no, simplemente llevando un paraguas". De esa manera se plantea otro debate, más centrado en solucionar los problemas que existen: "cuando note que me esté poniendo nervioso tengo que poder marcharme de clase/ alejarme de él/ella /...", en acuerdo con el equipo educativo, ese alumno-a logró estar todo el año sin faltar y sin tener partes de disciplina, además se redujo el número de veces que pedía salir ligeramente al final y otros estudiantes con historiales de peleas entre ellos lograron reducirlos significativamente; "si creo que la voy a liar, antes escribiré una carta al tutor explicándole cómo me siento en ese momento", pasado un tiempo y varias cartitas me decía "es curioso pero tras escribir la carta me quedo más tranquilo y al final no la armo"; "sé que tengo que recoger a mi hermano-a a última hora y por eso estoy nervioso-a y acabo expulsado-a siempre... Si pudiera salir cinco minutos antes de que toque no tendría ninguna expulsión más.", el equipo educativo y el equipo directivo y sus propios compañeros de clase estuvieron de acuerdo en que era preferible que perdiera los cinco últimos minutos que la última hora cada día, la alumna no fue expulsada más veces, ni siquiera en otras clases. El cambio actitudinal que a veces han conseguido es muchas veces sorprendente.

Pero también se logra mejorar el interés hacia las tareas de clase cuando ellos se ven competentes para realizarlas, su esfuerzo es valorado y son conscientes de que el éxito depende, en gran medida, de lo que ellos hagan. Mi profesor de Gimnasia utilizaba pruebas que valoraban el resultado obtenido (llegar a la canasta, algo imposible para mí incluso ahora) junto a otras que recompensaban el esfuerzo (haber conseguido saltar muchos centímetros, independiente de los centímetros de que partía). Yo mismo utilizo esa mezcla de pruebas para valorar el logro académico de mis estudiantes. Algún compañero me argumentó que así, bastaba que alguien con mucho interés y esfuerzo lograría titular sin al final haber aprendido, pero yo siempre respondo que, basta con mezclar las dos tipos de valoraciones de forma conveniente para evitar incoherencias. Hablando con mis estudiantes siempre les he expresado que, si no se les da bien el cálculo de la ley de Ohm, o los exámenes o lo que sea; deben compensar esa calificación con el cuaderno, las actividades voluntarias, el trabajo del taller,... De forma similar, una compañera me dijo que todos sus estudiantes sabían que sacando un mínimo de un tres en sus exámenes entonces les valoraban las actividades del cuaderno y hacía media, pero éste era voluntario. Con ello conseguía que muchos de sus alumnos-as se preocuparan por entregarles unos cuadernos preciosos que ella iba guardando y no tenía que corregir examenes completamente sin responder.

En definitiva de este tema habría mucho que hablar pero, ciertamente nadie puede negar que la motivación de nuestros estudiantes es algo esencial para poder desarrollar nuestro trabajo. Por ello a la pregunta ¿cómo puedo motivar a mis estudiantes? debemos encontrar todas las respuestas que podamos. Sirva esta entrada como una reflexión para encontrar esas respuestas tan necesarias.