miércoles, 2 de diciembre de 2009

Aprendizaje Cooperativo

En alguna ocasión me han preguntado acerca del aprendizaje cooperativo, y de hecho ya en otra entrada estuve hablando de él. No creo en los fanatismos ni entiendo que nadie deba ser un fanático de una u otra manera de enseñar. Antes de comentar acerca de la metodología docente sí me gusta considerar que la escuela debe servir para muchas cosas además de para formar a personas. Debe servir para enseñarles a vivir en sociedad, para ser más felices, para que puedan utilizar sus conocimientos de manera adecuada a la sociedad,...

Cuando alguien me pregunta porqué utilizar el aprendizaje cooperativo siempre respondo que debes usar estrategias que te permitan enseñar y formar al alumnado tal y como debemos hacerlo. Yo procuro mejorar la equidad en mis clases, enseñarles a comunicarse entre ellos, a resolver sus conflictos, a que tengan un espíritu crítico, a que sean responsables, a que se conozcan mejor a sí mismos y a conocerlos mejor, a que sean autónomos,... a que sean mejores personas y estén más preparadas para su vida futura. Por eso cada año, cada curso escolar, cada trimestre, pongo a prueba mi modelo educativo, mi forma de enseñar.

Cuando hace poco me llamaron del CEP de Alcalá para que explicara cómo enseño yo utilizando estructuras cooperativas, me alegró poder introducir esta manera de dar clase. Desde aquí me gustaría agradecer la invitación del CEP, en particular de Javier, sobretodo por el empeño que pone en mejorar la educación a través de la formación, y a los asistentes que me escucharon. Sirva esta entrada también como reflexión acerca de qué conseguimos cuando enseñamos y qué queremos conseguir.


Aprendizaje Cooperativo

miércoles, 4 de noviembre de 2009

La expulsion


He escuchado muchas veces palabras como "parece que solo entienden la mano dura", "si es que se merecen el parte", "se lo advertí y seguía igual, es que buscaba la expulsión"... Y frases similares que resumen la idea de que el castigo, y más concretamente su epítome, la expulsión es educativa.


Personalmente tengo mis dudas acerca de esa idea. Conozco de un centro que, para reducir las peleas tomó la determinación de expulsar siempre un mínimo de un día a todos los púgiles, independiente de causas, motivos, situación, culpables, provocación,... circunstancias que servían para no aumentar la expulsión. Ese centro expresaba así que "dos no pelean si uno no quiere". Como resultado el alumnado comenzó a quedar para pelearse fuera del centro, y dentro de éste "simplemente" se ignoraban. Me pregunto si eso significó una mejor educación para esos chavales.

En otras ocasiones he comprobado que lo que interesa es eliminar la mala acción mediante la magnificación del castigo. No interesa atacar las causas que llevan a esa acción sino simplemente erradicarla, al menos momentáneamente mientras el castigo siga siendo ejemplificante. Ejemplos de esto los he visto cuando se ha prohibido que que el alumnado traiga o compre chucherías a la escuela para evitar que la ensucien con los envoltorios. ¡Precisamente lo educativo es conseguir que no la ensucien, no impedir que no puedan ensuciarla! O recientemente cuando tras una pelea donde un alumno confiesa que el motivo es su inseguridad ante su primera relación ("me quería espantar a la novia, tenía que defender lo mío") la sanción es únicamente la expulsión. ¡Qué forma de desaprovechar la oportunidad de enseñar un trato coeducativo de verdad!

Debo decir que también he visto centros que prácticamente se negaban a expulsar al alumnado, centros que funcionaron bien mientras se arbitraban otras medidas educativas, pero que cuando éstas dejaron de aplicarse se convirtieron en instituciones donde no se podía ni educar ni formar a nadie. El alumnado tenía tal impunidad que hiciera lo que hiciera no era castigado. Personalmente creo que esos centros funcionaron bien, muy bien, mientras hubo personas con las fuerzas, las ganas y las energías suficientes para encontrar medidas alternativas a la expulsión, pero sin dejar que toda mala acción llevara su castigo. Uno de esos centros conseguía reunir a muchos alumnos-as (que en otro centro simplemente serían expulsados) para hacer tareas por la tarde estando profesores de "vigilantes". Cuando esos profesores dejaron de ir por las tardes, nadie controló que el alumnado asistiera lo cual dejó a éstos sin castigo.

En otra ocasión un grupo de alumnos comenzaron a insultar a otro. Antes de llegar a ser bullying, hablando con cada parte implicada así como con los espectadores (la llamada tercera víctima del bullying) se encontró que la causa real era el alejamiento que éste hacía de lo que había sido su grupo de amigos hasta ahora. En vez de simplemente expulsarlos, tuvieron que hacer una serie de tareas encaminadas al fomento de la empatía, a la libertad individual de elegir, a la asertividad para defender sus propios derechos, a la idea de la amistad y del amor y a su temporalidad,... Aún así hubo compañeros-as que me dijeron, "con una buena expulsión se les habría acabado tanta chulería y cuento chino y no habríamos perdido tanto tiempo y esfuerzo", creo que al menos yo puedo decir que se intentó mucho más que simplemente eso.

Por último debo decir que en mi vida me he encontrado a un alumno-a que le haya sentado bien una expulsión. Sí es cierto que alguno-a ha habido que tras la paliza de su casa han estado un tiempo modélicos, pero eran alumnos que aprendían lo que puede hacer el terror y el miedo, ¡¡qué bonita enseñanza conseguían de nosotros!! ¿Eso es lo educativo de la expulsión?

domingo, 4 de octubre de 2009

Amar a nuestro alumnado

Muchas veces he oído decir que debemos amar a nuestro alumnado. Al hablar de amor siempre se corre el riesgo de ser malinterpretado, para mí éste sería un ingrediente esencial, si bien no suficiente, de la educación.

"La educación es un acto de amor, por tanto, un acto de valor."
Paulo Freire

Cuando indico que yo quiero a mi alumnado, no me refiero a que procuro librarle de todo sufrimiento, de todo esfuerzo,... es más bien que procuro entenderlo, comprenderlo, que busco que éste se prepare para el futuro magnífico que se merecen, aunque para ello tengan que trabajarlo. Quiero ayudarles en ese trabajo que tiene que hacer, no hacerlo por ellos. La verdad es que creo que, tal y como señala Miguel Ángel Santos en su blog, "(...) sin amor es imposible que se produzca un auténtico proceso educativo. Y entiendo por amor aquel sentimiento profundo que se concreta en acciones significativas, no el sentimentalismo edulcorado que aleja de la exigencia , del esfuerzo y de la responsabilidad."

Pero es más, creo firmemente que, al enseñar "en el amor", estamos mostrando a nuestro alumnado el verdadero sentido de la educación. No sirve de nada la acumulación de conocimientos que lograrían sin esa necesaria formación personal. Cuando personas con varias carreras, con una formación de lo más destacable, con oposiciones durísimas aprobadas, acaban pegando a sus parejas, mostrando sentimientos xenófobos, maltratando a subordinados,... no puedo dejar de pensar que su educación ha fallado. De hecho algunas personas llegan a recelar de la educación.

Ante este reto, enseñar amando a nuestro alumnado, a todos sin excepciones, surge una gran dificultad. Claramente no logro tener la misma empatía por todos ellos, pero sí quiero expresar que a todos ellos los atiendo, a todos ellos los escucho, a todos ellos les intento ayudar,... a todos ellos los quiero.Porque no debemos olvidar las palabras del premio Nobel de la paz, Elie Wiesel que nos indica en el US News & World Report el 27 de Octubre de 1986:

"Lo contrario del amor no es odio, es la indiferencia. (...) La indiferencia, para mí, es la personificación del mal"

Si no logramos querer a nuestro alumnado, al menos no seamos indiferentes ante sus necesidades.