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martes, 14 de agosto de 2012

Curriculo oculto

Mucho se ha hablado desde que Phillip W. Jackson se inventara ese término tan popular que es el de curriculo oculto



Así en su obra: La vida en las aulas, Jackson indica que:

"Lo que el alumno aprende en la escuela no es sólo lo que aparece en los documentos curriculares sino algo más complejo, como es el conjunto de reglas y normas que rigen la vida escolar, sentimientos, formas de expresarlos, valores, formas de comportamiento y adaptación a distintos ámbitos."

Aunque incialmente Jackson realizaba investigación partiendo de la realización y análisis de los diferentes test cuantitativos, pronto abandonó  esa perspectiva investigadora creyendo firmemente que en la escuela se investiga desde otro paradigma: primero describiendo la realidad y luego reflexionando acerca de la misma. Algo en lo que cada vez creo más firmemente como he indicado anteriormente.

¿Cuáles fueron así las conclusiones más interesantes de este investigador? Brevemente, y extraídas de aquí indicó:

1.- Los estudiantes siempre están en presencia de otros, por tanto la socialización es un fenómeno esencial.

2.- La escuela es un recinto eminentemente evaluativo: todas las palabras y acciones tienen su "premio" o "castigo" y los niños internalizan esos "códigos morales" (el curriculo oculto) para tener éxito.

Bajo este marco de referencia, los niños entonces aprenden:

El don de la paciencia

Uno de los resultados inevitables de este control es la experimentación de la demora: esperar turnos para hablar, ser atendidos, recibir una respuesta; hacer colas, permanecer inmóviles. Otro es aprender a renunciar a los deseos y a esperar a que se cumplan.

Fracaso y éxito

A la edad escolar cada niño experimenta el dolor del fracaso y el júbilo del éxito, pero estos no se hacen oficiales hasta que no ingresa al aula. La evaluación dominará en sus años escolares. Constituye otro hecho importante de la vida en el aula de primaria.

Aprender a engañar

Otra trayectoria que siguen la mayoría de los alumnos es comportarse de modo que se disimulen los fallos en el cumplimiento: en suma engañar. Aprender a desenvolverse en la escuela supone, en parte aprender a falsificar nuestra conducta.

El poder

La diferencia de autoridad entre el profesor y sus alumnos se corresponde muy claramente con los aspectos evaluativos de la vida en el aula. El niño debe aprender a cumplir con los deseos de los otros. Un rasgo de este mundo es la autoridad del adulto. No es lo mismo en la escuela que con los padres por la relación afectiva de estos últimos.

...

¿Siguen nuestras escuelas así? ¿No crees que esos niños se merecen otra educación? Si sigues dudando entre leer ese clásico o no, aquí tienes las primeras 45 páginas.
 
 
 
 

domingo, 6 de noviembre de 2011

Imagen profesional

El otro día cuando salía de mi centro, un grupo de unos ocho alumnos y alumnas estaban jugando entre ellos, chillándose entre sí y bromeando, dándose pequeños empujones entre ellos,... algo muy común que hasta yo recuerdo que hacía teniendo esa edad, justo antes de separarnos cada uno para ir a comer a su casa. La importancia del trato entre iguales en la adolescencia.

Pero cuando se separaron una pareja de ellos siguió por mi mismo camino y uno de ellos cogió uno de esos largos tubos de cartón vacíos de un contenedor y blandiéndolo como si fuera un mandoble lo estrelló primero contra una papelera y luego contra un árbol. Yo le recriminé su actitud -ni le conozco del centro al no darle clase, ni él me conoce a mí; pero siempre he pensado que uno es maestro no solo de los estudiantes de su tutoría sino de todos los del colegio, por eso hablé con él desde el respeto. "Chiquillo no hagas eso, puedes hacerte daño a ti o a alguien y la papelera no te ha hecho nada". Me miró y por respuesta volvió a darle al árbol de manera que se rompió en dos con grandes carcajadas de la pareja de alumnos que se marcharon alegres por el éxito del golpe.

Entonces, esperando la luz verde del semáforo, una señora a mi lado indicó: "Eso es lo que aprenden en la escuela". No podéis ni imaginar cómo me sentó, y como creo que de todo se puede hablar le repliqué: "No, señora. Eso no la ha aprendido en la escuela. La escuela está para otra cosa". El semáforo se puso verde y la señora se alejó murmurando entre dientes, "su madre no podrá con ése y encima en la escuela no le enseñan educación". Cuando se fue de mi lado me quedé pensando en la mala fama de la escuela y de sus profesionales (así me siento yo). ¿Por qué? ¿Cómo cambiarla?



He leído algunas propuestas curiosas que pretenden mejorar nuestra imagen en la sociedad:

  • (...) elegir a sus profesores entre los mejores egresados de la enseñanza media. Siguiendo el Modelo finlandés, como se propone en Chile entre otros sitios.
  • Spots publicitarios para atraer a jóvenes hacia el trabajo del profesor.
  • Mejorar la Formación Inicial del profesor, acceso más selectivo y largo, como los médicos, tipo MIR,...
  • Mayor control hacia el trabajo docente que valore a aquellos-as que lo hagan mejor , identifique buenas prácticas,... y menor corporativismo entre docentes. Como ya se hace en muchísimas Universidades como la Interamericana de Puerto Rico.
  • Apostar por una formación continua de calidad.
  • Cobrar según objetivos específicos, como los contratos programas del MEC o el plan de calidad y mejora en Andalucía,...
  • ...etc.

Como señalan diversos autores como Patrice Ranjard (1984) en Francia y Martin Cole (1985, 1989) en Inglaterra, la valoración negativa del profesor como chivo expiatorio y responsable universal de todos los males del sistema es uno de los signos de nuestro tiempo. Para mí, la manera más eficiente que encuentro para que se me valore de manera positiva en mi trabajo responde a trabajar al servicio de mi alumnado y sus familias.

Mientras andaba hacia mi casa, reflexionando sobre la actitud de la señora, recordé aquél libro que aún hoy día tiene gran vigencia. Me refiero a la obra publicada en mayo de 1967 bajo el titulo “Lettera a una profesora”, cuyos autores son ocho chicos, muchachos del pueblo, alumnos de la escuela de Barbiana dirigidos por el párroco Lorenzo Milani. Básicamente es una denuncia del fracaso escolar y en él se pueden leer ideas como:

"Las escuelas tiene un solo problema: los chicos que pierden."

"También hemos visto nosotros que con ellos la escuela es más difícil. A veces uno está tentado de librarse de ellos. Pero si se pierden, la escuela ya no es escuela. Es un hospital que sana al que está sano y desecha al enfermo. Se convierte en un instrumento que crea diferencias que ya no tienen remedio."

"[la educación obligatoria] es un mínimo de cultura común a la que todos tenemos derecho."

"Quien no se escandaliza por los suspensos y por los repetidores y no protesta por ello es deshonesto
."

Para mí ser buen profesor, como ser buen médico, es lograr salvar más estudiantes. en eso consiste mejorar nuestra imagen profesional. ¿Tú, cuántos estudiantes salvas?

Éste, como cada curso escolar, tras hacer las evaluaciones iniciales siempre anoto aquellos alumnos-as que los profesores opinamos que tienen difícil pasar de curso por diversas razones: "éste ha empezado el curso pensando que este año será como el anterior", "claro, si ya pasó por imperativo legal el curso pasado, este año será peor", "con los problemas que tiene ésta en su casa, bastará que no deje de asistir a mitad de curso", "No preocuparos que en cuanto se le eche una semana fuera, éste ya deja de venir,... y mejor que no venga", "aprobó el curso pasado por los pelos y por el curso donde estaba, este año repetirá",... son frases, sentencias que a mi juicio me sirven para ver qué personas debo intentar "salvar" para la escuela. Al final del curso siempre vuelvo sobre las anotaciones y cuento cuántos hemos podido salvar, cuántos de esos chicos y chicas han aprobado y pasan de curso y cuántos han quedado en el camino.

Éste es un reto en verdad apasionante porque me ha ayudado a lo largo de los años a aprender qué puedo hacer con ese alumno desmotivado, cómo resolver algunos casos de absentismo, cómo trabajar con alumnado diverso, con diagnóstico o con un gran retraso curricular,... ¿Has contado ya cuántos de tus estudiantes podrías salvar? ¿Aceptas el reto?

domingo, 13 de marzo de 2011

Joseph Jacotot

Cuando en 1814 volvieron los Borbones a Francia, Joseph Jacotot; que había sido elegido diputado, se tuvo que exiliar de Francia a Bélgica. Allí consiguió un empleo modesto de profesor de francés en la Universidad de Leuven y comenzó lo que pensó que sería una vida tranquila.



Al tener que enseñar a personas que no hablaban el francés y él mismo no dominar el holandés, él se vio incapaz de instruir y cumplir con las demandas que le pedían; por eso se limitó a dejarle a sus alumnos una edición bilingüe de Telémaco. que previamente había conseguido en las dos lenguas: francés y holandés, pensado que, así al menos, podrían tomar algo de contacto con el francés. Esa necesidad de cumplir con su obligación le llevó a probar una forma enseñar que no se podía basar en la instrucción oral, tal y como se consideraba para la época.

Luego, les pidió a los estudiantes así preparados que escribiesen en francés lo que pensaban de todo lo que habían leído. Quería comprobar cuánto habían aprendido utilizando ese sistema novedoso para la época. Él mismo no se hacía muchas ilusiones:

«Se esperaba horrorosos barbarismos, con impotencia absoluta quizá. ¿Cómo todos esos jóvenes privados de explicaciones podrían comprender y resolver de forma efectiva las dificultades de una lengua nueva para ellos? ¡No importa!. Era necesario ver dónde les había conducido este trayecto abierto al azar, cuáles eran los resultados de este empirismo desesperado. Cuál no fue su sorpresa al descubrir que sus alumnos, entregados a sí mismos, habían realizado este difícil paso tan bien como lo habrían hecho muchos franceses. Entonces, ¿no hace falta más que querer para poder? ¿Eran pues todos los hombres virtualmente capaces de comprender lo que otros habían hecho y comprendido?»
[Extraído de Enseignement universel. Émancipation intellectuelle», Journal de philosophie panécastique, 1838, p. 155]

Ante su sorpresa, Jacotot, no se limitó a repetir el modelo educativo sino que reflexionó acerca del mismo. Hasta entonces, él daba el libro al alumno y, para aclarárselo, lo explicaba; sin embargo ahora había comprobado que no era necesario. Cuando el maestro toma la palabra para explicar un libro, ¿realmente necesita el libro esa ayuda? Y en caso afirmativo, ¿por qué debería comprender mejor los razonamientos del maestro que los del propio libro?

Esta maravillosa historia de un profesor me lleva a pensar en algo que yo creo firmemente y que supone, en mi opinión, una riqueza de nuestra profesión inconmensurable. Mi propia postura es la de insatisfacción ante muchos de los resultados que alcanzo. Ello me lleva a ver otros compañeros-as, preguntarles, leer experiencias educativas, ir a cursos,... A partir de ahí probar diferentes estrategias, metodologías, utilizar variados recursos,... Posteriormente analizo lo sucedido, me paro un tiempo a reflexionar acerca de lo que he conseguido, de por qué se ha conseguido, de lo que no he logrado,... En definitiva de lo que me siento satisfecho y lo que no. Y vuelvo de nuevo a empezar.

Como decía Goethe:

"Lo que convierte la vida en una bendición no es hacer lo que nos gusta, sino que nos guste lo que hacemos."

Creo firmemente en ese modelo de profesor-investigador de su propia práctica; un profesor que se desea cambiar cosas, hace pruebas (controladas) y analiza lo que obtiene. Ante la época de aceleración de cambios actual, ¿existe otra manera de hacer bien las cosas en cualquier profesión?

Si quieres leer más acerca de Joseph Jacotot y las conclusiones a las que este pedagogo llegó, desde la práctica y la experiencia, aquí tienes un libro en castellano.


Ranciere, Jacques - El Maestro Ignorante

viernes, 30 de abril de 2010

La autoridad

El otro día en un curso acerca de la atención dentro del aula de alumnos con trastornos de conducta alguien preguntó: "Quiere usted decirnos que debemos mantener en clase a un alumno que desafía constantemente al profesor y llega hasta a insultarlo". Como el ambiente era distendido y quien hacía la pregunta era un docente realmente preocupado por la enseñanza de su alumnado le respondí de forma sincera: "Todos los alumnos deben reconocer el papel de la autoridad, y acatarla. El día de mañana cuando la Guardia Civil le pida la documentación deben saber que no pueden negarse; si creen que han actuado mal, después podrían poner una demanda por abuso de poder, pero no pueden negarse ante una orden de la Guardia Civil. Debemos enseñarle eso a nuestro alumnado porque así es como funciona nuestra sociedad; por eso deben acatar lo que diga el profesor en clase, deben reconocer la autoridad de éste, y luego mostrarles los mecanismos que tiene para quejarse."

La palabra autoridad significa varias cosas según el diccionario de la Real Academia de Lengua, por una parte podemos considerarla como persona que posee el poder para ejercer el mando, de hecho o de derecho; pero a mí particularmente me gusta más la acepción de prestigio y crédito que se reconoce a una persona o institución por su calidad y competencia en alguna materia. Como he comentado antes es necesario que nuestro alumnado aprenda a reconocer y acatar la autoridad; pero también creo muy importante que el profesorado sepa ganarse esa autoridad. Otros autores, como por ejemplo J.A. Marina distingue entre autoridad ganada y poder adquirido u otorgado por el cargo, indicando "es mejor mandar y obedecer por convicción (seducción) que por coacción (tiranía)" o que "el permisivismo y el autoritarismo son estilos educativos que dificultan el quehacer profesional del profesor" (pág. 160 )




Cuando me hablan de que la autoridad en los colegios se ha perdido me acuerdo de la siguiente frase:

"Los jóvenes de hoy aman el lujo, tienen manías y desprecian la autoridad. Responden a sus padres, cruzan las piernas y tiranizan a sus maestros."

Atribuida a Sócrates ya en el siglo V a.C. lo cual me lleva a pensar que es éste un problema de largo y profundo calado. Una cuestión que no parece que se resuelva de manera fácil ni siquiera creo que se resuelva alguna vez de manera definitiva. Un debate, como tantos otros, que quedará abierto en educación, afortunadamente, ya que tiendo a desconfiar de un conocimiento acabado y perfecto.

Por eso mismo, uno puede expresarse más libremente, sin miedos, respecto del tema de la autoridad y la disciplina en la escuela. De hecho pienso que todo profesor, no solo puede, sino que hasta debe tener algún planteamiento personal, incluso aunque solamente sea válido para él mismo. En mi caso coincido también con la idea de Bertrand Russell de desconfiar tanto de la disciplina rígida como de la libertad absoluta:

"La disciplina -nos dirá-, tal como existe en las escuelas, es en gran parte un mal. Hay un tipo de disciplina que es necesario para casi todas las realizaciones y que quizá, no está suficientemente valorado por los que rechazan la disciplina puramente externa de los métodos tradicionales. La clase de disciplina deseable es la que procede del interior [...]. Esta clase de disciplina es muy necesaria, pero sólo puede darse a partir de fuertes deseos encaminados a fines no asequibles inmediatamente, y sólo puede producirse por la educación, si esa educación alimenta esos deseos [...]. Esta disciplina emana de la propia voluntad de uno mismo, no de una autoridad exterior" Cita de la pág 110 en Principles of Social Reconstruction, extraída de la pág 210 de este enlace.

Por otro lado coincido plenamente con las palabras de David Sacristán cuando indica que la autoridad del profesor, aceptada por el alumno, se pone al servicio de éste con el objetivo de ayudarle a que él mismo logre finalmente ser el responsable de su propio desarrollo personal. O como indica Marina en su libro (pág. 98) "la autoridad del profesor hace posible la libertad del alumno"

Una libertad que nace de una construcción interna del propio alumnado sobre su moral. Esto es importante, no solamente para nuestro alumnado sino para la sociedad futura que queremos construir, una sociedad no solamente que reconozca el poder sino también que sepa quejarse de éste y hasta incumplirlo cuando sea necesario, como fue en los casos de personas que salvaron a judíos del holocausto nazi o aquellos que ayudaron a los negros a llegar a los estados federales en la guerra de secesión americana. El propio Russell lo expresa mucho mejor en Sociedad humana: ética y política, pág. 36:

"la ley consiste esencialmente en un conjunto de reglas que regulan el uso de la fuerza por el Estado, junto a una prohibición del uso de la fuerza por el individuo o por los grupos excepto en ciertas circunstancias concretas, como puede ser la defensa personal. (...) Por tanto, es racional tener un sentimiento de respeto hacia la ley"

y también en la pág 108-109 de Authority and the Individual:

" (...) el respeto por la ley es una condición indispensable para la existencia de cualquier orden social tolerable. Cuando un hombre considera injusta una ley determinada, tiene el derecho, y a veces el deber, de hacer lo posible por que se cambie, pero sólo en casos muy raros tendrá justificación para violarla. No niego que hay situaciones en que es un deber violar la ley; es un deber cuando un hombre esté profundamente convencido de que obedecer sería un pecado. En este caso se encuentran los que se niegan a ir a la guerra por razones de conciencia".

¿Cómo actuamos ante "ese alumno que desafía constantemente las normas y reglas de la clase, del aula,..."? ¿Tiene ese alumno el espíritu crítico suficiente como para analizar bien las reglas y normas? [En cierta ocasión una alumna me dijo: "Creo que no se puede comer chicle en clase porque al hablar en mi equipo no se me entendería bien"] ¿Se rebela de manera consciente y consecuente? [Otras veces he oído: "Tengo la garganta mala, me duele, y en vez de quedarme en casa vengo al instituto pero SÍ voy a tomar un caramelo que me alivie la garganta. Lo hacen los maestros, ¿por qué no puedo hacerlo yo?"] ¿Nuestra actitud sirve para hacer de éste una persona que entienda y comprenda el "espíritu de la ley"? ¿Estamos formando realmente a una persona capaz de luchar por cambiar las reglas y normas injustas que encontrará en su sociedad, como nuestra generación luchó en su momento? Responde sinceramente a estas preguntas y analicemos bien por qué ese alumno desafía las normas la próxima vez que suceda.



sábado, 27 de febrero de 2010

La última lección

En vacaciones me gusta relajarme y leer varios de los libros que voy dejando pendiente a lo largo del curso. En cuantito leí el título del libro, como maestro que me tengo, apunté que era uno de los que debía leerme sin falta, y así este verano pasado me leí de un tirón: "La última lección" de Randy Pausch.



En este libro se narra la conferencia que el profesor de la Universidad Carnegie Mellon, Randy Pausch, dio acerca de cómo conseguir hacer realidad tus sueños infantiles. No solamente supone el libro un soplo de optimismo que tanta falta hace en nuestra profesión, sino que también plantea una manera de vivir la vida que, podemos ver esquemáticamente.

Si saco a relucir este libro aquí no es solo porque me gustara su lectura, los que me conocen saben que siempre tengo en mente que soy profesor y cuando leo o veo algo interesante una lucecita de alarma se me enciende en la cabeza y me avisa que eso tiene que ver con la enseñanza. Al leer este libro la alarma sonó varias veces:

"Tratad la enfermedad, no los síntomas" [pág. 156]

Con frecuencia yo mismo he citado esa frase y aunque creo que es necesario que desaparezcan los síntomas, pienso que nuestro trabajo se basa en hacerlo educando. Recuerdo ahora un compañero en un centro que es precioso, un antiguo convento de hace 200 años, cómo decía socarronamente "lo tranquilo y silencioso que estaba este sitio sin los niños... no deberían entrar nunca en este centro".

"(...) se trataba de una clase basada en la colaboración, en la que los estudiantes trabajaban en grupos de cuatro(...) Dependían unos de otros,(...) Recogíamos las opiniones de los compañeros y las recogíamos en una hoja de cálculo(...) Así disponían de un modo práctico y estadísticamente válido para analizarse(...) la opinión de los compañeros es por definición una valoración precisa de lo fácil que resulta trabajar con alguien (...) Los gráficos se complementaban con opiniones de los compañeros menos formalizadas, sobretodo propuestas concretas para mejorar (...)" [pág. 128]

"Ser capaz de trabajar bien en equipo es vital y necesario tanto en el mundo laboral como en la familia" [pág. 160]

Si precisamente creo que el trabajo en equipos cooperativos es algo que falta en muchísimas otras asignaturas de nuestro sistema educativo; algo completamente necesario para nuestra sociedad futura. Por otro lado me resulta muy original y tentador el que ellos mismos evalúen a sus compañeros, no dudéis que en cuantito encuentre un tiempo me pongo a pensar en cómo hacerlo en mis cursos.

"Se llamaba el galardón al Primer Pingüino y lo ganaba el equipo que maś se arriesgaba probando ideas y tecnologías nuevas aunque no alcanzara los objetivos propuestos. En esencia era un premio a los fracasos gloriosos y celebraba el pensamiento original y la imaginación audaz" [pág. 167]

Desde este año se evalúan y premian las ideas más creativas y originales de los proyectos que tiene alumnado aunque finalmente no se pudiera construir éste. Una manera de premiar la creatividad.

Os dejo y recomiendo la lectura de este libro para que aprendáis porqué lo llama premio al Primer Pingüino.

Feliz lectura, y para animaros aquí tenéis la conferencia con subtítulos en español.




sábado, 10 de enero de 2009

Recursos en educación

En "El economista camuflado" de Tim Harford aparece la siguiente historia:

"Pocos días después de haber llegado a Camerún visité uno de los colegios privados más prestigiosos de ese país (...) A primera vista la bibioteca era muy impresionante (...) Su diseño era muy atrevido (...) tiene un techo que se parece a un gigantesco libro abierto (...) Cuando en Camerún llueve lo hace cinco meses enteros y con tanta fuerza que hasta los canales de desagüe más grandes se desbordan rápidamente. Cuando una lluvia de este tipo se topa con un techo que no posee demasiados canalones sino que él mismo es, esencialmente, un canalón que desagua hacia el techo plano del hall de la entrada, entonces te das cuenta de que es el momento de cubrir con un plástico tu colección de libros. La única razón por la cual todavía existían los libros del colegio era porque nunca habían estado ni siquiera cerca del nuevo edificio. (...)
Esto es una escandalosa dilapidación de los recursos. En lugar de construir la biblioteca, el colegio podría haber comprado cuarenta mil buenos libros u ordenadores con acc
eso a internet o podría haber otorgado becas escolares para los niños pobres. (...) Esto, dejando al margen el hecho de que el colegio no necesitaba con carácter prioritario una nueva biblioteca, pues la antigua funcionaba perfectamente bien y podía alojar con facilidad tres veces más libros de los que la escuela poseía y era a prueba de agua." (pág. 302-304)

Este hecho me recuerda una frase que he oído muchas veces: "en educación necesitamos más recursos". Pienso que si por recursos fuera habría países que tendrían una educación excelente, pero según el informe PISA del 2006, esta correlación no es exacta. En el gráfico de la página 66, reproducido abajo en chiquito, y más grande aquí, aparece el rendimiento de los alumnos en ciencias frente al gasto por alumno en los países donde se hizo el estudio ese año.



Cito textualmente las conclusiones a las que llega:

"(...) Según aumenta el gasto por alumno en las instituciones educativas, también lo hace el promedio de rendimiento de un país. Sin embargo, el gasto por alumno explica solo un 19 % de la variación en el promedio de rendimiento entre países.
(...)
El gasto por alumno hasta los 15 años en la República Checa y Nueva Zelanda es un 41 % y un 57 %, respectivamente, del gasto de Estados Unidos, pero mientras que tanto la República Checa como Nueva Zelanda se encuentran entre los mejores ejecutantes de PISA, Estados Unidos tiene un rendimiento por debajo de la media de la OCDE.
(...)
En resumen, los resultados sugieren que, aunque el gasto en instituciones educativas es un prerrequisito importante para proporcionar educación de alta calidad, no es suficiente por sí mismo para conseguir buenos resultados."
(pág. 77)

Por otro lado recuerdo una anécdota que oí en la radio acerca de los recursos y la violencia de género. Decían, entonces, que se pedían también muchos más recursos para disminuir el fenómeno, sin embargo llegaban a citar a la esposa a la misma hora y en la misma comisaría que el marido para que ella ratificara la denuncia contra éste. No son necesarios más recursos para entender que había que citarlos en momentos diferentes, simplemente comprender mejor el asunto. Una vez que la sociedad estaba más concienciada y conocía más el fenómeno, los recursos se emplearon de forma más eficiente, por ejemplo en la creación de viviendas de acogida para las mujeres que denunciaban y así no tenían que volver después a la misma vivienda.

No creo que sea comparable este hecho al de la educación en España, pero la práctica de solicitar indiscriminadamente recursos, sin comprender bien los problemas educativos, desde luego que no llega a resolver los problemas educativos actuales. He conocido centros que, luchando contra el absentismo, han solicitado (y pagado) a trabajadores sociales para que visiten a las familias conminándoles a que sus hijos vallan a la escuela. Cuando lo consiguen, el retraso escolar que presentan, su baja socialización y la poca flexibilidad de la escuela para con el alumnado, acaba con éste siendo expulsado. ¿De verdad ha sido eficiente emplear ese recurso? ¿Acaso nos sorprendió que volviera con un atraso y con problemas de socialización? Ya que hemos gastado tiempo y dinero en hacer que un niño-a vuelva a las clases, ¿no podíamos haber hecho algo más?

En otras ocasiones se han pedido grandes equipamientos informáticos y técnicos excusándose en las grandes ventajas que supondrán su uso: aulas multimedias completamente equipadas, agendas electrónicas para los profesores y así controlar las faltas del alumnado más directamente, portátiles para que los alumnos trabajen más motivados,... Todo eso puede suponer mejoras, y no dudo que lo hayan hecho en muchos sitios, pero he conocido otros donde las aulas multimedias se han mantenido cerradas para que el alumnado no la estropeara, las agendas han servido como regalo para los hijos y los ordenadores se empleaban, casi exclusivamente, para que los alumnos vean la página web de su equipo de fútbol.

Incluso sé de un instituto que solicitó más profesores para que entren varios en las clases "complicadas", al final, y pensando que el alumnado estaría mejor atendido con dos profesores que con solo uno lograron ajustar los horarios de esa manera. El resultado fue que los dos profesores que entraban en el aula acabaron rotando, es decir, un día entraba uno y otro día era otro quien impartía la clase. ¿Dónde se perdió la finalidad inicial de atender mejor al alumnado?

No quiero acabar esta entrada dejando ese regusto amargo acerca del fracaso de las propuestas que he escrito en los párrafos anteriores, creo sinceramente que todas ellas son válidas y hasta necesarias. Simplemente indico que considero que todo recurso que se solicita debe hacerse tras un conocimiento profundo, válido y adecuado para resolver un problema concreto: motivación, socialización, absentismo, rendimiento académico,... y por supuesto evaluar la idoneidad de la propuesta empleada para determinar su validez. Optimizando nuestros recursos, ¿no iría la educación mucho mejor?